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Desde mi experiencia profesional,cuando se produce un daño cerebral sobrevenido, como es el caso del ictus hemorrágico secundario a rotura de aneurisma, la familia sufre una crisis que altera significativamente su equilibrio. El sistema familiar se ve sometido a una situación de profunda desestabilización y sufrimiento. Las dinámicas familiares, las estrategias de comunicación, los mecanismos de afrontamiento dejan de ser efectivos y la familia se siente desubicada, sin recursos para hacer frente a la realidad. Aun así, en los primeros momentos en los que la situación del paciente es crítica, se mantiene alerta y enfocada en la supervivencia y estabilización. Será en etapas posteriores en las que se pondrán de manifiesto problemas a los que tienen que hacer frente y la necesidad de generar nuevas estrategias. En esta fase es muy importante disponer de los recursos necesarios, y nuestro sistema de salud público o bien no dispone de ellos en su cartera de servicios o los que ofrece no son suficientes.
 
Cuando el paciente se ha estabilizado y vuelve a casa, es el momento en el que la familia empieza a ser consciente de las dificultades a las que tendrá que hacer frente en esta nueva etapa. Dependiendo de las secuelas sobrevenidas será más o menos complicada la adaptación.
 
En ocasiones encontramos dificultades emocionales asociadas al proceso vivido, recuerdos traumáticos que pueden dificultar la adaptación a la rutina. Muchas personas sufren estados depresivos tras pasar por la UCI o al revivir lo sucedido y sienten miedo y ansiedad, en ocasiones les paraliza y les dificulta seguir adelante. Otros aspectos que afectan significativamente al estado de ánimo son la sensación de pérdida de control sobre sus vidas, y la incertidumbre ante su futuro laboral y personal asociado a las secuelas cognitivas y emocionales. Los roles familiares también se ven alterados y se pueden albergar sentimientos de inutilidad en la persona afectada.
 
El paciente necesitará una evaluación neuropsicológica de las secuelas cognitivas, afectivas y emocionales para poder orientar y guiar el trabajo necesario para su recuperación. Es importante que reciba ayuda desde los primeros momentos y pueda comenzar el proceso de rehabilitación/habilitación en fases iniciales. Esto facilitará y ayudará a que la persona tenga mayor probabilidad de recuperación y sienta más control sobre la situación, al tiempo que la familia podrá descargar la  presión y angustia que se genera ante esta nueva situación, y encontrar el camino para adaptarse y estabilizarse eficazmente.
 
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