Pacientes - Dcero

Vaya al Contenido

Pacientes

Conócenos
Tras sufrir el peor dolor de cabeza de mi vida, comenzó la búsqueda de respuestas visitando las urgencias de centros de salud y hospitales. Al cabo de 10 días y tras haber sido   diagnosticado de jaqueca por estrés, por fin me realizaron un TAC y detectaron la rotura de un aneurisma craneal.
Me derivaron al hospital Virgen del Rocío y afortunadamente el equipo de la Unidad de Neurorradiologia Intervencionista dirigido por el doctor Alejandro, me intervino de urgencias y mediante embolización solucionaron el problema.
Siempre digo que entré con el peor dolor de cabeza y salí como nuevo.
Pero la realidad es que tras pasar 10 días en el hospital y por fin volver a casa fui consciente de lo mal que me encontraba a nivel físico y a nivel psicológico.
Lo cierto es que en el entorno hospitalario yo no noté la falta de fuerza y la debilidad que se manifestó al llegar a casa.
Nunca olvidaré la sensación al llevar a mis hijos al parque y tener que volver tras haber caminado unos metros porque mi cuerpo no respondía. Ese cansancio que me acompañó meses fue devastador.
Todo el mundo me daba la enhorabuena porque la vida me había regalado una segunda oportunidad, lo que me hacia sentir aún peor ya que esa segunda oportunidad venia acompañada de mucho sufrimiento psicológico que no cuadraba con lo que se presuponía que debía sentir.
Desde atención primaria no me ofrecían ayuda y los únicos que siempre estuvieron a mi lado fueron los neurorradiólogos del hospital.
Han sido años muy duros de lucha interna, de renacer de mis cenizas y de vencer el miedo a volver a enfermar.


Agradezco la oportunidad que me brinda esta asociación para poder exponer mi caso y transmitir como fue el antes y como transcurre el después de padecer una hemorragia subaracnoidea (HSA).
   Hace ya algunos años, empecé a experimentar dolores de cabeza a diario, que se prolongaron durante varios meses. Inicialmente eran leves, pero con el paso del tiempo, su intensidad aumentó en gran medida. Los últimos tres meses, apenas conseguía dormir más de cuatro horas al día y el sueño no era profundo. Sin embargo, durante el día podía realizar mi trabajo adecuadamente, aunque ya padecía dolores de cabeza muy fuertes y continuos. Yo lo achacaba al gran stress laboral que soportaba y pensaba que cesarían cuando estuviese más relajado.
Un día mientras trabajaba, sufrí un episodio súbito de pérdida de conocimiento. Fui trasladado en ambulacia al Hospital Universitario Virgen del Rocío, donde me realizaron una exploración por TAC del cráneo en la que se evidenció una hemorragia subaracnoidea masiva. Tras varios días en coma, desperté y no tenía ni idea de qué me había pasado. Posteriormente, me sometieron a una operación en la que me implantaron una endoprótesis en la arteria cerebral. La doctora Victoria (UCI) y el doctor Alejandro (Neurorradiología Intervencionista), a los que siempre recordaré, me habían devuelto a la vida. Pasé varias semanas en la unidad de cuidados intensivos, en la que un excepcional equipo controlaba mi evolución.
 Cuando salí del hospital empezó una nueva vida para mí y mi entorno íntimo. Fue entonces, cuando empecé a darme cuenta de la gravedad de lo que me había ocurrido. Era consciente de que había vuelto a nacer y sentía una inmensa alegría por ello.
 Mi inteción era recuperarme lo antes posible para volver a la normalidad en mi vida personal y profesional. Sin embargo, los días eran complicados, ya que tenía secuelas que me impedían hacer una vida normal. Dado que me apasionaba mi trabajo, traté de enfocar mi recuperación a reincorporarme lo antes posible, pero la realidad era muy diferente. Cuanto más me empeñaba en acelerar la recuperación, más dificultades encontraba, y sentía que había un muro que no me dejaba avanzar. Los médicos, perfectos conocedores de las consecuencias, me transmitían que la situación era normal después de lo ocurrido y que debía tener paciencia.
Un año después de salir del hospital, me diagnosticaron deterioro cognitivo, que me obligó a iniciar una terapia cognitiva que se prolongó dos años más. Empecé a darme cuenta de que mi vida había cambiado radicalmente. Mi capacidad intelectual se vió muy mermada, perdí mi trabajo, mi vida social era nula, no podia mantener relaciones sexuales y, en definitiva, era incapaz de conseguir la rutina que pretendía. Otra consecuencia fue la ruptura de mi matrimonio, que ya arrastraba problemas antes de mi hospitalización.
 Con el paso del tiempo, entendí la necesidad de respetar los tiempos recuperación, ya que hay muchos altibajos y psicológicamente es un camino muy duro. En todo este proceso, ha sido muy importante el apoyo por parte de mis padres, de mis hijos y de mis familiares y amigos más íntimos.
Tras varios años, he ido recuperando mi vida social, encontré un gran apoyo en mi pareja actual y empecé de nuevo a trabajar, aunque con restricciones. Ha sido muy importante aprender a convivir con mis limitaciones. Y, aunque hay muchos momentos de frustración y decaimiento, me despierto cada día dando gracias por seguir vivo.
Me acuerdo a diario de los médicos que me salvaron la vida. Su preparación, especialización, implicación y una gran vocación, me han permitido disfrutar de una nueva vida con mis seres queridos.
¡ Eternamente agradecido !
 

La noche del 5 al 6 de julio de 2015  me cambio la vida para siempre, sufrí una rotura de aneurisma mientras  conducía. Los momentos que pasé solo mientras esperaba ayuda siempre  están ahí. Solo,  con el mayor dolor de cabeza que he sentido en mi  vida, si poder ver y sin saber que me pasaba, y si hasta aquí había  llegado.
Tras dos intervenciones y diez días  borrados de mi memoria desperté o más bien tomé conciencia en la UCI.  Desconcertado, sin saber que me pasaba y sin poder comunicarme con  nadie. Los días eran eternos, venían a verme la familia y los  compañeros, no recuerdo casi nada o como una pesadilla.   Más de un mes  después salí del hospital, ya comenzaba a hablar pero la debilidad era  constante, el ruido me molestaba, no era capaz ni de ver la tele.  Cualquier paseo era una carrera de fondo y los miedos ahí estaban, solo  pensaba en que iba a ser ahora de mi trabajo y mi vida, que iba a pasar  ahora conmigo, mi trabajo era un continuo ir de allí para allá, el trato  con la gente, ¿y ahora que?.
Estuve un año de  baja, siempre con el miedo a que me iba a encontrar a mi vuelta o que  iba a pasar conmigo, los zumbido y los miedos a cualquier pequeño dolor  eran constantes, el ir y venir a las diferentes pruebas y la medicación.  El no poder casi valerme por mi mismo y gracias al arropo que tuve por  la familia, lo amigos y los compañeros de trabajo me dieron fuerzas para  seguir adelante. Siempre con la pelea por poder volver a hablar como  antes, como ser como antes y esto no llegó ni ahora tampoco lo espero.  Tuve que volver a reiniciar y aceptar las pocas secuelas, por suerte,  que me quedaron y que ya no era la persona a la que nunca le pasaba  nada,
En cierta medida el empezar de nuevo fue  muy duro, pero ahora mirando con perspectiva creo que fué  positivo el  cambiar, el ver que ya no soy el de antes y que tengo algunas  limitaciones que tengo que aceptar y saber ver la vida de otra forma, ni  mejor ni peor, distinta. Al fin de cuentas tengo otra oportunidad.





El día 2 de noviembre de 2021 se presentaba en principio como un día de trabajo normal, un día más de teletrabajo. Serían las 11,30 de la mañana aproximadamente cuando, como todas las mañanas, me dirigí a la planta superior de mi casa para hacer las camas y recoger los dormitorios. Una vez allí y justo cuando terminaba de hacer mi cama, empecé a notar un repentino dolor de cabeza, fortísimo, como nunca había experimentado. Yo soy persona de haber padecido bastantes jaquecas por mi condición de hipertensa, pero ese dolor desde el primer instante no lo idendifiqué como normal. Sabía automáticamente que algo fuera de lo normal estaba ocurriendo. Viendo que no remitía si no que iba a más, me di cuenta que, precisamente debido al dolor, iba a perder el conocimiento, así que decidí llamar, antes que fuera más tarde al encontrarme sola en casa, al teléfono de Emergencias 061.
Todo el mundo siempre me decía que iba pegada a mi móvil a todas partes, de hecho ese día como otros, lo llevaba colgado del cuello con una funda de goma con cuerdas para el efecto y eso fue lo que a día de hoy puedo decir que me salvó la vida. Marqué el número de emergencias ya desde el suelo del descansillo de la planta superior de mi casa y, consciente de que me iban a hacer muchas preguntas y sabiendo que iba a perder la conciencia, lo primero que le dije a la operadora fue que como me iba a desmayar tomara nota de mi dirección para enviar una
ambulancia. Una vez que le facilité esos datos ya ella continuó con sus preguntas. Lo siguiente que recuerdo es haber pensado cómo iba a abrir a la ambulancia si estaba en el suelo en la planta de arriba y las piernas no me sostenían, ya no me podía levantar, así que llamé a mi marido que estaba trabajando, le dije lo que me pasaba y que ya había llamado a la ambulancia pero que no iba a poder abrirle cuando llegara porque no podía levantarme. Lo siguiente fue escuchar el timbre de la puerta y sentir la frustración de no poder ni gritar para que me escucharan ni bajar la escalera para abrir. Pero ese día la providencia dentro de lo malo estaba de mi parte y al cabo de escuchar el timbre varias veces, oí la puerta que se abría
y escuché a mi marido y a alguien más subir corriendo las escaleras y a partir de ahí ya no recuerdo más, no sé dónde me llevaron primero ni qué más ocurrió. Ya todo lo que recuerdo después son flashes inconexos de diferentes imágenes de sitios y personas, no soy consciente de dónde estuve ni de qué pasó hasta no sé ya cuánto tiempo después.
Lo que comienzo ya a recordar es la posterior rehabilitación en el hospital de FREMAP, que era la mutua de mi trabajo.
Como consecuencia del aneurisma ambos globos oculares se llenaron de sangre lo que enturbió el vítreo por lo que cuando salí del coma y fui más o menos consciente de que estaba ingresada todo se ralentizaba más en mi recuperación puesto que no veía por ninguno de los dos ojos, hasta que en febrero me intervinieron del primer ojo y cuando ya la recuperación era positiva y recuperé la visión de ese ojo, me operaron del segundo en el mes de julio.
Sí recuerdo lo largos y difíciles que se me hacían los días sin trabajar y que todo mi afán era recuperar la normalidad que pasaba por renovar el carnet de conducir que tenía caducado para poder ser de nuevo independiente y volver al trabajo lo antes posible para sentir que recuperaba mi vida de nuevo. Conseguí lo primero en septiembre de 2022 y renové el carnet de conducir y por fin en octubre de 2022, casi un año después del accidente, me dieron el alta y volví a trabajar.
Me sentía bien en todos los aspectos y no me sentía ni con secuelas graves ni con ningún déficit que me impidiera hacer mi vida normal, así que 1 año y medio ya después de mi segundo cumpleaños, gracias a Dios, puedo decir que mi vida vuelve a ser la de siempre, que salvo algún deporte, hago prácticamente todo lo que hacía antes del aneurisma y que realmente pienso que los que están a mi alrededor, mis padres, mi marido, mi hija y mis amigos lo pasaron bastante peor que yo, que, al fin y al cabo por la medicación, no era consciente de casi nada de lo que me pasaba.
No puedo dejar de agradecer en estas líneas a mi marido, por su paciencia y dedicación, a mis padre y mi hermano por estar ahí siempre y a mis amigas, porque sin ellas mi hija lo hubiera pasado infinitamente peor de lo que ya lo pasó y en resumen a todos aquellos que, de una u otra forma, se portaron conmigo en esos momentos como nadie. GRACIAS y como yo siempre me digo, bicho malo, nunca muere, en este caso, gracias a Dios que fue así.
R.V.M




En el año 2012, un 25 de noviembre de madrugada, me dio un muy fuerte dolor de cabeza que gracias a Dios me despertó.
Al levantarme mí, entonces, marido (Raúl) me pregunto si quería un paracetamol. Yo le indique que no era de eso y acto seguido me desmaye
Él cuenta que inmediatamente emití un sonido gutural muy fuerte, mis hijas recuerdan a un oso, e inmediatamente llamo al 112. Su descripción fue tan buena que provoco el primer milagro .. en 5 minutos estaban allí atendiéndome , había perdido esfínteres y mi tensión era 20/1 . Me reanimaron en casa, estabilizaron y me llevaron al Virgen del Rocio donde ingresé muy grave.
 El primer diagnostico se confirmó,  derrame cerebral por aneurisma que estaba sangrando.
 Me metieron en el quirófano y por radio diagnostico (Dr. Alejandro Gonzalez)  cuando estaban mirando la situación del sangrado, con pocas imágenes en su poder, el aneurisma se rompió y toda la sangre invadió mi cerebro .. ya no se veía nada.
El Dr. Narros (hijo) no tuvo mas remedio que realizar craneotomía y de allí  yo pasé a estar muchos días en la UCI de los que prácticamente no recuerdo nada, salvo imágenes sueltas y alguna que otra conversación.
 Sali con el alta muy contenta camino a casa, a punto de celebrarse la Navidad y al día siguiente ya empecé a ver como había cambiado yo y todo lo que me rodeaba.
 La situación con mis hijas, entonces con 10 y 6 años, era horrible, me tenían miedo por mis cambios de humor (que yo no era consciente que me pasaban) y además el temor a que me volviese a dormir y ya mama no se despertarse (y el mío también).
 Raúl tenia momentos, unos en los que era un incondicional apoyo y otros en los que se enfadaba conmigo por mis carencias cada vez más visibles.
 Él no quería que yo tuviese visitas ni personas de mi familia más directa allí .. por los que las horas se me hacían eternas en un sofá .
 Llego un momento que ya la palabra incapacidad volaba por la habitación … ¡! pero si yo lo que quería era volver a la normalidad y trabajar que es lo que he hecho toda mi vida!!!
 A raíz de eso me informé, gracias al Dr. Gonzalez, del centro CRECER donde primero me ayudaron a recuperar las lesiones físicas de mi accidente cardio vascular.
 Una vez en constante trabajo, y mejora, empecé con una Neuro Psicóloga a trabajar para recuperar la parte cognitiva.
 Muchas horas de su dedicación y trabajo conjunto y muchas horas de mi esfuerzo diario en casa hicieron posible que en el mes de septiembre de 2013 me reincorporara a mi puesto de trabajo, otra vez desde abajo y teniendo que volver a demostrar todo ya que estoy en una entidad financiera y no es nada fácil.
 Para creerme y hacer ver a todos que podía incorporarme sin ser un daño ni para mí ni para otros, me hice un test de coeficiente intelectual y saqué un resultado óptimo.
 Un par de meses después descubrieron un segundo aneurisma que no sangro y vuelta a empezar…
 En resumen, mi vida es otra desde el 25/11/2012, mejor dicho, YO soy otra desde ese día.
 Llevo en mi corazón para siempre a las personas que me salvaron la vida y me han ayudado a seguir con la Isabel que soy ahora, ni mejor ni peor, diferente, siento mucho más cualquier cosa y, sobre todo .. se que quiero VIVIR en completa plenitud (o lo más parecido posible).
 Contad conmigo siempre.
 Isa
 

Me llamo Paco.  Todo empezó con el dolor de cabeza más fuerte de mi vida, la noche del  14 de noviembre de 2015. Meses antes, me despertaba algunas noches  e incluso un par de noches me desperté dándome vueltas todo la habitación, se movía de un lado a otro.
Tenía unas manchas como pecas en las piernas y pies, fui varias veces al médico de cabecera y me decía que eran manchas solares y aunque le respondía que no me daba el sol , él insistía e incluso se rio de mi .
La tarde/noche del 13 de noviembre fui de urgencias al ambulatorio ya que la noche antes se repitió el dolor de cabeza y rigidez de cuello. Me apretaba con el dedo en el centro del cuello y me aliviaba un poco, aunque no desaparecía.
Gracias a Dios que me pasó en casa y estaba con mi mujer e hija de 12 años. Ella me llevó a urgencias de traumatología pensando que era algo relacionado con unas dolencias de cuello por un trauma que tuve. Una vez en urgencias me hacen un tac y me diagnostican sangrado por rotura de aneurisma en la arteria top de la basilar. Aunque se me cayó el parpado derecho del ojo, yo entré consciente e ingresé en planta.
A la semana, aún diciéndome los médicos que intentara moverme lo menos posible, recuerdo que después de comer me levanté para ir al baño y sentado en el váter me desmaye por una HSA, Estuve en UCI 28 días. Menos mal que no me acuerdo de casi nada, solo de lo mal que se pasa estando 24 horas amarrado.
Luego me pasaron a planta y a las 2 semanas me dieron el alta hospitalaria.
No podía andar, me caía si estaba sentado, me hacía mis necesidades encima porque no podía controlarlo. Al mes, pasé a fisioterapia y terapia ocupacional del hospital. Me llevé 9 meses dependiendo de una persona para todo.
En julio de 2015 me tuvieron que intervenir de nuevo por que se había formado otro aneurisma sobre el cuello el anterior, y para colmo también tenía hidrocefalia por lo que me pusieron un válvula de derivación al peritoneo y VOLVI A VIVIR, pero yo era otra persona ni tenía el aguante, el saber estar.
Las discusiones con la familia eran casi a diario, me molestaba todo y por todo discutía, sin disfrutar por nada que hacía, sin ilusión.
Iba a diario a dar ánimos a otras personas que estaban pasando por una situación similar a la mía.
Agradecido a los fisioterapeutas y celadores  del hospital , que son magníficos, tanto en planta como en el gimnasio, y me lo agradecían los pacientes u sus  familias .
He ido a consulta de 10 psicólogos al menos , 3 privados y  7 en salud mental del SAS. Por cierto  la administración no ofrece lo que necesita el paciente.
Ahora, y muy lentamente , me aguanto mucho más, soy más prudente , aunque a veces no tomo la mejor opción al elegir .
Gracia a Dr. Fernando Duran, Dr. Alejandro González, a Dr. Quino, en definitiva, a todo este magnífico equipo de profesionales y seres humanos, a mi mujer e hija, a toda mi familia que me han aguantado muchísimo y a todos mis amigos.
 
Regreso al contenido